Journal de Ciencias Sociales Año 14 Nº 26
ISSN 2362-194XCalidad de vida algorítmica y comunidades híbridas en el siglo XXI: reconfiguración epistemológica del bienestar multidimensional en
contextos sociotecnológicosJacqueline Jeanette Santos Julca1
Universidad ContinentalEnsayo
Material original autorizado para su primera publicación en el Journal de Ciencias Sociales, Revista Académica de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Palermo.
Recepción: 25-03-2026
Aceptación: 27-04-2026
Resumen: La calidad de vida en el siglo XXI exige una reconfiguración teórica ante la creciente mediación sociotecnológica que redefine las condiciones del bienestar. El objetivo de este estudio es analizar críticamente la calidad de vida algorítmica como categoría emergente para comprender la reconfiguración multidimensional del bienestar en comunidades híbridas. Desde un enfoque teórico-analítico, se integran aportes de Tonon (2010) sobre la articulación entre entorno material y psicosocial, de Veenhoven (2000) respecto a la centralidad del bienestar subjetivo, y de Ferris (2006) en torno al carácter estructural del bienestar. El análisis se sustenta en el enfoque de capacidades de Sen (1999) y Nussbaum (2011), quienes plantean que el bienestar depende de las oportunidades reales para desarrollar la vida que se valora. Asimismo, la propuesta de Vos (1996) permite evidenciar que el acceso efectivo a recursos constituye una dimensión crítica, especialmente en contextos digitalizados donde la disponibilidad no garantiza su uso. En el plano comunitario, Tonon (2017) redefine la comunidad como entramado relacional híbrido que articula interacciones presenciales y virtuales. El principal aporte radica en proponer la calidad de vida algorítmica como una categoría integradora que incorpora explícitamente la mediación sociotecnológica en el análisis del bienestar, superando la fragmentación entre dimensiones objetivas, subjetivas y de acceso. Se concluye que las lógicas algorítmicas y las comunidades híbridas no son factores externos, sino dimensiones estructurales que reconfiguran las oportunidades, las experiencias subjetivas y los vínculos sociales, demandando una actualización epistemológica para el diseño de políticas públicas en contextos latinoamericanos marcados por desigualdades y brechas digitales.
Palabras clave: calidad de vida algorítmica; bienestar multidimensional; comunidades híbridas; mediación sociotecnológica.
Algorithmic Quality of Life and Hybrid Communities in the 21st Century: An Epistemological Reconfiguration of Multidimensional Well-Being in Sociotechnological Contexts
Abstract: Quality of life in the 21st century requires a theoretical reconfiguration in light of the growing sociotechnological mediation that reshapes the conditions of well-being. The objective of this study is to critically analyze algorithmic quality of life as an emerging category to understand the multidimensional reconfiguration of well-being in hybrid communities. From a theoretical-analytical approach, the study integrates contributions from Tonon (2010) on the articulation between material and psychosocial environments, Veenhoven (2000) on the centrality of subjective well-being, and Ferris (2006) regarding the structural nature of well-being. The analysis is grounded in the capability approach proposed by Sen (1999) and Nussbaum (2011), emphasizing that well-being depends on individuals’ real opportunities to pursue valued ways of living. Likewise, Vos (1996) highlights that effective access to resources constitutes a critical dimension, particularly in digitalized contexts where availability does not guarantee actual use. At the community level, Tonon (2017) redefines community as a hybrid relational framework that integrates both face-to-face and virtual interactions. The main contribution lies in proposing algorithmic quality of life as an integrative analytical category that explicitly incorporates sociotechnological mediation into the study of well-being, overcoming the fragmentation between objective, subjective, and access-based dimensions. It is concluded that algorithmic logics and hybrid communities are not external factors but structural dimensions that reshape opportunities, subjective experiences, and social bonds, thus requiring an epistemological update to inform public policy design in Latin American contexts characterized by structural inequalities and digital divides.
Keywords: algorithmic quality of life; multidimensional well-being; hybrid communities; sociotechnological mediation.
1. Introducción
En el siglo XXI, la calidad de vida se ha consolidado como un constructo clave para comprender el bienestar humano en sociedades atravesadas por transformaciones económicas, culturales y de forma creciente, sociotecnológicas. Este proceso ha tensionado los marcos clásicos que reducían el bienestar a variables económicas o a inventarios de servicios, impulsando enfoques multidimensionales que articulan condiciones objetivas de vida y evaluaciones subjetivas de satisfacción. En esa línea, Tonon (2010) sostiene que estudiar la calidad de vida exige integrar el entorno material (bienestar social) y el entorno psicosocial (bienestar psicológico), considerando tanto condiciones de vida como percepciones de satisfacción vital y advirtiendo que los indicadores no son instrumentos neutrales, sino decisiones teóricas con implicancias políticas. Esta perspectiva dialoga con el giro subjetivista que, sin abandonar lo estructural, reconoce que el bienestar incluye la evaluación global que las personas realizan sobre su vida, tal como plantea Veenhoven (2000) al defender la necesidad de indicadores subjetivos para la política social.
El debate contemporáneo sobre calidad de vida se organiza, así, en torno a la tensión y la posible complementariedad entre enfoques objetivistas y subjetivistas. Los enfoques objetivistas, asociados a la tradición de indicadores sociales, han privilegiado mediciones de condiciones externas, pero han sido criticados por su dificultad para capturar diferencias de bienestar entre personas con situaciones materiales semejantes. En contraste, las aproximaciones subjetivas aportan sensibilidad a la experiencia vivida, aunque enfrentan críticas por su variabilidad cultural y por la comparación entre poblaciones. Tonon (2010) recupera críticamente ambas posiciones y sostiene que el camino robusto no es elegir una u otra, sino integrar dimensiones, reconociendo que las percepciones no “flotan” fuera de la estructura social, pero tampoco pueden deducirse mecánicamente de ella. En el mismo sentido, Ferris (2006) subraya que la calidad de vida está condicionada por la estructura social, los rasgos culturales y las instituciones, distinguiendo fuerzas endógenas (respuestas psicológicas) y exógenas (organización social y cultura) que interactúan para producir bienestar.
En paralelo, la discusión metodológica sobre indicadores muestra que el problema no es solo “qué medir”, sino “desde qué teoría se mide”. Vos (1996) propone distinguir entre indicadores de resultado, insumo y acceso, resaltando que los indicadores de acceso, menos usados en mediciones oficiales, permiten captar si los recursos disponibles son efectivamente utilizables por distintos grupos sociales, revelando barreras geográficas, culturales o institucionales. Este punto cobra especial importancia en sociedades digitalizadas, donde la existencia de servicios en línea no garantiza acceso efectivo ni apropiación social. En consecuencia, los modelos clásicos de medición tienden a quedar cortos cuando el bienestar empieza a depender también del modo en que la vida cotidiana es mediada por plataformas, datos y decisiones algorítmicas que organizan oportunidades, visibilidades y vínculos.
En este escenario emergen dos fenómenos estrechamente vinculados; la mediación algorítmica del bienestar y la consolidación de comunidades híbridas. Por un lado, la experiencia del bienestar se ve afectada por entornos sociotecnológicos que intervienen en el acceso a información, servicios y redes de apoyo; por otro lado, la comunidad contemporánea ya no es solo concentración geográfica, sino un tipo de relación social y pertenencia colectiva que puede articular presencialidad y virtualidad. Tonon (2017) explica que la comunidad implica nexos subjetivos fuertes (sentimientos, proximidad, tradiciones compartidas) y que, además, puede ser entendida como localidad y como grupo relacional, ampliando el análisis hacia redes que trascienden la geografía. De este modo, la calidad de vida comunitaria incluye dimensiones como seguridad en espacios públicos, servicios sociales, interacción entre vecinos y uso del espacio comunitario, hoy atravesadas por dinámicas digitales que reorganizan la participación, la seguridad percibida, el soporte social y la vida cotidiana.
La relevancia del problema no es únicamente conceptual. Tonon (2022) advierte que la producción de conocimiento en calidad de vida es insuficiente si no logra transmitirse y utilizarse socialmente en el ciclo de las políticas públicas, especialmente en escenarios de vulnerabilidad y crisis, lo que demanda rigor, completitud y pertinencia contextual en el diseño de investigación y en la selección de indicadores. En esa dirección, resulta necesario actualizar el marco epistemológico de la calidad de vida para comprender el bienestar multidimensional en contextos sociotecnológicos contemporáneos, donde lo material, lo subjetivo, lo comunitario y lo digital se entrelazan. Bajo esta necesidad se propone abordar la categoría emergente de calidad de vida algorítmica, entendida como la configuración del bienestar cuando las condiciones objetivas, las percepciones subjetivas, los accesos efectivos y las tramas comunitarias se encuentran mediadas por sistemas digitales y lógicas algorítmicas.
La problematización se expresa en la insuficiencia de los enfoques clásicos de calidad de vida para explicar, con suficiente densidad teórica y metodológica, cómo se reconfigura el bienestar multidimensional en sociedades donde el acceso a recursos, la interacción social y la vida comunitaria están crecientemente mediadas por entornos digitales y decisiones algorítmicas. Aunque existe consenso en que la calidad de vida integra dimensiones objetivas y subjetivas, persiste una brecha analítica en la articulación de estas dimensiones con los procesos sociotecnológicos contemporáneos. En términos epistemológicos, la literatura muestra avances importantes en la integración de bienestar social y psicológico (Tonon, 2010) y en la centralidad de la evaluación subjetiva de la vida (Veenhoven, 2000), pero no desarrolla de forma equivalente cómo los mecanismos de acceso, visibilidad, interacción y pertenencia se transforman cuando las comunidades se vuelven híbridas y la infraestructura digital opera como condición de posibilidad del bienestar.
Este vacío se vuelve especialmente relevante en contextos latinoamericanos y particularmente en el Perú, donde desigualdades estructurales se combinan con desigualdades de acceso efectivo. Si, como advierte Vos (1996), la existencia de recursos no garantiza su acceso y uso real, entonces la digitalización puede profundizar brechas en bienestar al crear “servicios disponibles” pero no necesariamente “servicios accesibles”, afectando tanto condiciones objetivas (oportunidades educativas, servicios, trabajo) como dimensiones subjetivas (seguridad percibida, satisfacción vital) y comunitarias (vínculo, soporte social, pertenencia). En consecuencia, el problema no es meramente tecnológico, sino teórico-metodológico: cómo integrar coherentemente indicadores objetivos, subjetivos y de acceso en un marco que explique la calidad de vida en comunidades híbridas bajo mediación algorítmica, preservando el anclaje comunitario y sociopolítico del bienestar.
La pregunta que guía este estudio es la siguiente: ¿de qué manera las mediaciones algorítmicas y la configuración de comunidades híbridas reconfiguran la comprensión multidimensional de la calidad de vida en contextos sociotecnológicos contemporáneos?
El objetivo consiste en analizar críticamente la calidad de vida algorítmica como categoría emergente para comprender la reconfiguración del bienestar multidimensional en comunidades híbridas del siglo XXI, integrando el debate entre indicadores objetivos, subjetivos y de acceso, así como el enfoque comunitario y sociopolítico de la calidad de vida. Este objetivo se fundamenta en la necesidad de articular condiciones materiales y psicosociales del bienestar (Tonon, 2010), la centralidad del bienestar subjetivo para la política social (Veenhoven, 2000), la relevancia del acceso efectivo a recursos (Vos, 1996) y el carácter estructural-institucional de la calidad de vida (Ferris, 2006), incorporando además el giro contemporáneo hacia comunidades como redes relacionales híbridas (Tonon, 2017).
La hipótesis sostiene que las mediaciones algorítmicas y la configuración de comunidades híbridas influyen de manera significativa en la reconfiguración multidimensional de la calidad de vida, en tanto modifican las condiciones objetivas de acceso a recursos, reorganizan la experiencia subjetiva del bienestar y transforman los modos de pertenencia e interacción comunitaria. Esta hipótesis se apoya en la premisa de que la calidad de vida integra dimensiones objetivas y subjetivas (Tonon, 2010), que el bienestar subjetivo constituye un indicador relevante para orientar políticas (Veenhoven, 2000) y que los determinantes estructurales e institucionales interactúan con las respuestas psicológicas de las personas (Ferris, 2006). Asimismo, se incorpora la idea de que la comunidad se redefine como entramado relacional que excede lo territorial, lo que implica que la calidad de vida comunitaria se reconfigura cuando los vínculos se articulan entre lo presencial y lo digital (Tonon, 2017).
La variable de estudio es la calidad de vida algorítmica, definida conceptualmente como un constructo multidimensional del bienestar que integra condiciones objetivas de vida, evaluaciones subjetivas y accesos efectivos, considerando que dichos componentes se encuentran mediadas por entornos sociotecnológicos y lógicas algorítmicas que influyen en oportunidades, interacciones y formas de pertenencia. Esta definición se sustenta en el enfoque integrador de Tonon (2010), para quien la calidad de vida requiere analizar simultáneamente el entorno material y el entorno psicosocial.
De manera complementaria, se considera como variable contextual la configuración de comunidades híbridas, entendida como la forma contemporánea de comunidad en la cual los vínculos, identidades y prácticas de interacción se organizan de manera combinada entre espacios presenciales y virtuales. Este componente es relevante porque la calidad de vida comunitaria incluye dimensiones como seguridad, interacción social, servicios y uso del espacio público, y dichas dimensiones se ven afectadas cuando la comunidad funciona como red relacional híbrida y no solo como localidad (Tonon, 2017), la calidad de vida algorítmica se expresa como una síntesis analítica entre bienestar individual y comunitario, mediado por condiciones de acceso y por estructuras sociotecnológicas.
El estudio se desarrolla bajo un enfoque teórico-analítico con revisión documental, orientado a la reconfiguración conceptual del constructo calidad de vida en contextos sociotecnológicos contemporáneos. Este enfoque resulta pertinente porque el objetivo no es medir empíricamente una población específica en esta fase, sino construir un marco interpretativo que articule tradición teórica, debate epistemológico y actualización conceptual del bienestar multidimensional ante la digitalización. Por ello, en la revisión crítica y comparativa de literatura especializada en calidad de vida, indicadores sociales, bienestar subjetivo, calidad de vida comunitaria y políticas públicas, integrando la discusión de autores clave y categorías analíticas.
Se asume la premisa de que la calidad de una investigación se asocia con rigor y completitud: rigor entendido como ausencia de fallas en diseño, método e interpretación, y completitud como exploración de opciones y puesta a disposición de hechos y argumentos relevantes para opciones políticas y teóricas sólidas, tal como se recupera en la discusión de calidad de investigación en Tonon (2022).
En consecuencia, la estrategia metodológica implica selección de fuentes con pertinencia teórica, comparación sistemática de posturas (objetivismo, subjetivismo, integración multidimensional, enfoque comunitario y enfoque de acceso) y construcción de un modelo conceptual que incorpore explícitamente las mediaciones sociotecnológicas como parte del análisis del bienestar, evitando tanto reduccionismos tecnologicistas como explicaciones descontextualizadas del bienestar.
2. Argumentación teórica
2.1. La calidad de vida como constructo multidimensional del bienestar contemporáneo
La calidad de vida se ha consolidado en las ciencias sociales como un constructo complejo y multidimensional que trasciende las visiones reduccionistas del bienestar centradas exclusivamente en variables económicas o materiales. Este desplazamiento teórico se sustenta en las críticas al paradigma economicista del desarrollo, particularmente desde el enfoque de las capacidades, que plantea que el bienestar humano no debe medirse únicamente por los recursos disponibles, sino por las oportunidades reales que tienen las personas para desarrollar la vida que valoran (Sen, 1999). En concordancia, Nussbaum (2011) sostiene que el bienestar está intrínsecamente ligado al ejercicio efectivo de capacidades fundamentales, lo que implica considerar dimensiones sociales, culturales y contextuales en el análisis de la calidad de vida. Desde esta perspectiva, el bienestar no puede comprenderse como una condición estática, sino como un proceso dinámico condicionado por factores estructurales, institucionales y relacionales.
En el campo específico de los estudios sobre calidad de vida, Tonon (2010) afirma que este constructo debe analizarse integrando simultáneamente el entorno material y el entorno psicosocial, lo que permite articular condiciones objetivas de vida y percepciones subjetivas del bienestar. Esta postura se opone a las aproximaciones unidimensionales y refuerza la necesidad de comprender la calidad de vida como una interacción entre factores sociales, psicológicos y contextuales. En la misma línea, Ferris (2006) sostiene que la calidad de vida está condicionada por la estructura social, las instituciones, las características demográficas y las influencias culturales, evidenciando que el bienestar humano se configura en función del contexto sociopolítico en el que se desarrollan las experiencias vitales. De este modo, la calidad de vida se configura como un fenómeno relacional que no puede ser explicado únicamente desde variables individuales ni exclusivamente desde determinantes estructurales.
Asimismo, la evolución conceptual del constructo ha estado estrechamente vinculada al desarrollo de los indicadores sociales, los cuales permitieron ampliar la comprensión del bienestar más allá de las métricas económicas tradicionales. Sin embargo, la crítica epistemológica a estos indicadores radica en su tendencia a privilegiar dimensiones objetivas, invisibilizando la experiencia subjetiva del bienestar. Tonon (2010) advierte que los indicadores sociales no son neutros, sino construcciones teóricas que responden a concepciones específicas del bienestar, lo que implica que su selección influye directamente en la interpretación de la calidad de vida. En consecuencia, el análisis contemporáneo del bienestar exige una integración teórica que articule indicadores objetivos, subjetivos y de acceso, permitiendo una comprensión más completa del fenómeno estudiado.
2.2. Debate teórico entre enfoques objetivistas y subjetivistas del bienestar
El debate entre enfoques objetivistas y subjetivistas constituye uno de los ejes centrales en la teoría de la calidad de vida. Los enfoques objetivistas, vinculados a la tradición de los indicadores sociales, han privilegiado la medición de condiciones materiales como salud, educación, empleo y acceso a servicios, bajo el supuesto de que estas variables determinan el bienestar colectivo. En este sentido, Estes (1984) desarrolló índices de progreso social orientados a evaluar la satisfacción de necesidades básicas, contribuyendo significativamente a la institucionalización de los indicadores sociales como herramientas de medición del bienestar. No obstante, esta perspectiva ha sido cuestionada por su limitada capacidad para explicar las diferencias en satisfacción vital entre individuos que comparten condiciones estructurales similares.
Frente a estas limitaciones, los enfoques subjetivistas han cobrado relevancia al incorporar la percepción individual del bienestar como componente esencial de la calidad de vida. Veenhoven (2000) sostiene que el bienestar subjetivo representa la evaluación global que las personas realizan de su vida, integrando dimensiones cognitivas y afectivas que permiten comprender el bienestar más allá de las condiciones materiales. Sin embargo, Cummins (2000) advierte que el bienestar subjetivo posee un carácter homeostático que tiende a mantenerse relativamente estable, incluso en contextos adversos, lo que implica que su medición aislada puede ocultar desigualdades estructurales profundas. En este sentido, Sirgy (2001) propone un modelo integrador basado en la satisfacción con los dominios de vida, destacando que la calidad de vida se construye a partir de la interacción entre evaluaciones subjetivas y condiciones objetivas del entorno social.
La articulación entre ambos enfoques encuentra sustento en la propuesta teórica de Vos (1996), quien distingue entre indicadores de resultado, insumo y acceso, enfatizando que el acceso efectivo a los recursos constituye un componente clave del bienestar social. Esta distinción resulta especialmente relevante en el análisis contemporáneo de la calidad de vida, dado que la disponibilidad de servicios no garantiza su utilización real por parte de la población. En consecuencia, la integración de indicadores objetivos, subjetivos y de acceso permite superar las limitaciones de los enfoques unidimensionales y contribuye a una comprensión más rigurosa del bienestar multidimensional.
2.3. Calidad de vida comunitaria y su anclaje en contextos sociopolíticos
La dimensión comunitaria de la calidad de vida ha adquirido una creciente relevancia en los estudios contemporáneos del bienestar, especialmente en contextos caracterizados por desigualdades sociales y transformaciones estructurales. Desde una perspectiva comunitaria, el bienestar no se limita a condiciones individuales, sino que se construye a partir de la interacción social, el sentido de pertenencia y la participación en la vida comunitaria. Tonon (2017) sostiene que la calidad de vida comunitaria se relaciona con la seguridad, los servicios sociales, la infraestructura comunitaria y la interacción entre los miembros de la comunidad, evidenciando que el bienestar se configura en un entramado relacional y territorial.
En esta línea, Maya Jariego (2004) plantea que la comunidad debe entenderse como un sistema de relaciones sociales caracterizado por vínculos simbólicos, identidad colectiva y experiencias compartidas, lo que permite comprender el bienestar desde una perspectiva relacional. Asimismo, Uriarte (2013) señala que la resiliencia comunitaria constituye un factor fundamental en la calidad de vida, dado que las comunidades con mayores niveles de cohesión social tienden a generar entornos más favorables para el bienestar de sus miembros. Estas posturas teóricas refuerzan la idea de que la calidad de vida no puede analizarse al margen del contexto sociopolítico y comunitario, especialmente en regiones como América Latina, donde las desigualdades estructurales condicionan las oportunidades de desarrollo y bienestar.
Desde una perspectiva latinoamericana, los estudios sobre calidad de vida han enfatizado la necesidad de enfoques contextualizados que integren dimensiones sociales, culturales y políticas del bienestar. Toscano y Molgaray (2019) evidencian que la calidad de vida en América del Sur se encuentra estrechamente vinculada con factores estructurales y comunitarios, lo que exige modelos analíticos que consideren tanto las condiciones objetivas de vida como las percepciones subjetivas de la población. En el caso peruano, las desigualdades territoriales, el acceso desigual a servicios y las brechas sociales configuran escenarios diferenciados de bienestar que deben ser analizados desde una perspectiva multidimensional y contextualizada.
2.4. Mediaciones sociotecnológicas, comunidades híbridas y calidad de vida algorítmica
Las transformaciones sociotecnológicas del siglo XXI han introducido nuevas variables analíticas en el estudio de la calidad de vida, particularmente en relación con la digitalización de la vida cotidiana, la expansión de plataformas virtuales y la mediación algorítmica del acceso a la información y a los servicios sociales. En la sociedad del conocimiento, Gibbons et al. (1994) y Nowotny et al. (2001) sostienen que la producción del conocimiento y las dinámicas sociales se desarrollan en contextos de aplicación caracterizados por la interacción entre tecnología, ciencia y sociedad, lo que implica que los fenómenos sociales deben ser analizados desde enfoques complejos y transdisciplinarios. En este escenario, la mediación tecnológica influye directamente en las oportunidades educativas, laborales y sociales de las personas, configurando nuevas formas de desigualdad y bienestar.
Desde esta perspectiva, la noción de calidad de vida algorítmica se sustenta en la integración de la teoría multidimensional del bienestar con los enfoques sociotecnológicos contemporáneos. Si la calidad de vida está condicionada por estructuras sociales e institucionales (Ferris, 2006), entonces resulta coherente sostener que las infraestructuras digitales y los sistemas algorítmicos constituyen nuevas estructuras mediadoras del bienestar en las sociedades digitalizadas. Asimismo, Beck (1992) señala que las sociedades contemporáneas se caracterizan por la producción de nuevos riesgos asociados al desarrollo tecnológico, lo que impacta en la percepción de seguridad, estabilidad y bienestar de la población.
La configuración de comunidades híbridas, entendidas como espacios de interacción que articulan relaciones presenciales y virtuales, refuerza la necesidad de replantear el análisis de la calidad de vida desde una perspectiva sociotecnológica. Tonon (2017) sostiene que la comunidad contemporánea no se limita a una localización geográfica, sino que se configura como un espacio relacional dinámico donde el sentido de pertenencia y la interacción social pueden desarrollarse tanto en entornos físicos como digitales. En este contexto, la calidad de vida se ve influenciada por el acceso digital, la participación en redes virtuales y la mediación algorítmica de las interacciones sociales, configurando nuevas dimensiones del bienestar que trascienden los modelos tradicionales de medición.
De este modo, la argumentación teórica permite responder al problema de investigación al evidenciar que los modelos clásicos de calidad de vida, centrados en indicadores objetivos y subjetivos, resultan insuficientes para explicar la reconfiguración del bienestar en contextos sociotecnológicos contemporáneos. Asimismo, sustenta el objetivo general al demostrar que la calidad de vida algorítmica constituye una categoría emergente que integra dimensiones objetivas, subjetivas, comunitarias y de acceso, coherente con el enfoque multidimensional propuesto por Tonon (2010), la teoría del bienestar subjetivo de Veenhoven (2000), la teoría de los indicadores sociales de Vos (1996) y los enfoques sociotecnológicos contemporáneos. En consecuencia, la hipótesis de que las mediaciones algorítmicas y las comunidades híbridas influyen significativamente en la reconfiguración del bienestar multidimensional encuentra respaldo en la convergencia teórica de estos enfoques, evidenciando que la calidad de vida en el siglo XXI debe ser comprendida desde una perspectiva integradora, contextual y sociotecnológica.
3. Conclusiones
El desarrollo teórico confirma que la calidad de vida debe ser comprendida como un constructo multidimensional que articula condiciones objetivas de vida, percepciones subjetivas del bienestar y contextos sociopolíticos específicos, superando las visiones reduccionistas centradas exclusivamente en variables económicas o estructurales. Tal como se planteó en la introducción, el análisis desde enfoques economicistas hacia perspectivas integradoras encuentra sustento en los aportes de Tonon (2010), quien sostiene que el bienestar requiere analizar simultáneamente el entorno material y el entorno psicosocial, así como en la perspectiva del bienestar subjetivo de Veenhoven (2000), que reconoce la evaluación global de la vida como componente central del bienestar humano. En este sentido, la calidad de vida no puede ser explicada desde una única dimensión, sino desde la interacción dinámica entre factores estructurales, psicológicos y contextuales, en concordancia con la perspectiva estructural de Ferris (2006) y el enfoque de capacidades de Sen (1999), que amplían la comprensión del bienestar más allá del acceso a recursos hacia las oportunidades reales de desarrollo humano.
El análisis permite concluir que el debate entre enfoques objetivistas y subjetivistas, no debe resolverse en términos de oposición, sino de integración teórica. Los enfoques objetivistas, vinculados a la tradición de los indicadores sociales (Estes, 1984), aportan herramientas relevantes para medir condiciones materiales de vida; sin embargo, resultan insuficientes para explicar las diferencias en satisfacción vital entre individuos con condiciones estructurales similares. Por su parte, los enfoques subjetivistas, desarrollados por Veenhoven (2000) y profundizados por Cummins (2000), permiten comprender la experiencia vivida del bienestar, aunque presentan limitaciones cuando se analizan de forma aislada de las desigualdades estructurales. En coherencia con la distinción teórica de Vos (1996) entre indicadores de resultado, insumo y acceso, se evidencia que el acceso efectivo a los recursos constituye un componente clave del bienestar contemporáneo, especialmente en sociedades digitalizadas donde la disponibilidad de servicios no garantiza su utilización real, tal como se problematizó respecto a las brechas de acceso en contextos sociotecnológicos.
Las revisiones teóricas permiten reafirmar que la calidad de vida contemporánea se encuentra estrechamente vinculada al contexto comunitario y a las transformaciones sociotecnológicas, tal como se anticipó en la introducción al destacar la emergencia de comunidades híbridas. Desde la perspectiva comunitaria, Tonon (2017) sostiene que el bienestar se configura a partir de la interacción social, el sentido de pertenencia y las condiciones del entorno comunitario, mientras que Maya Jariego (2004) concibe la comunidad como un entramado relacional basado en vínculos simbólicos y experiencias compartidas. En el contexto de la sociedad del conocimiento, los planteamientos de Gibbons et al. (1994) y Nowotny et al. (2001) permiten comprender que las dinámicas sociales actuales se desarrollan en entornos donde la tecnología, la información y la interacción social se encuentran profundamente interrelacionadas. En consecuencia, la configuración de comunidades híbridas, caracterizadas por la convergencia entre interacciones presenciales y virtuales, redefine las formas de socialización, participación y construcción del bienestar, respondiendo directamente a la problemática inicial sobre la reconfiguración del bienestar en sociedades sociotecnológicas.
En correspondencia con el objetivo planteado, se concluye que la noción de calidad de vida algorítmica constituye una categoría teórica pertinente para explicar la reconfiguración del bienestar multidimensional en el siglo XXI. La integración de las posturas de Tonon (2010) sobre multidimensionalidad, Veenhoven (2000) sobre bienestar subjetivo, Vos (1996) sobre acceso efectivo a recursos y Ferris (2006) sobre el condicionamiento estructural del bienestar permite sostener que las mediaciones algorítmicas y las comunidades híbridas influyen de manera significativa en las condiciones objetivas, las percepciones subjetivas y las dinámicas comunitarias del bienestar. De este modo, la hipótesis encuentra respaldo teórico al evidenciar que la digitalización de la vida social y la mediación sociotecnológica no constituyen variables externas al bienestar, sino dimensiones estructurales que reconfiguran las oportunidades, los vínculos sociales y las experiencias de calidad de vida, especialmente en contextos latinoamericanos donde las desigualdades estructurales se articulan con brechas digitales y de acceso, consolidando así la necesidad de actualizar epistemológicamente los modelos de calidad de vida desde una perspectiva integradora, contextual y sociotecnológica.
Referencias bibliográficas
Beck, U. (1992). Risk society: Towards a new modernity. Sage.
Cummins, R. A. (2000). Objective and subjective quality of life: An interactive model. Social Indicators Research, 52(1), 55–72. https://doi.org/10.1023/A:1007027822521
Estes, R. J. (1984). The social progress of nations. Praeger.
Ferris, A. (2006). A theory of social structure and quality of life. Applied Research in Quality of Life, 1(1), 117–123. https://doi.org/10.1007/s11482-006-9003-1
Gibbons, M., Limoges, C., Nowotny, H., Schwartzman, S., Scott, P. y Trow, M. (1994). The new production of knowledge: The dynamics of science and research in contemporary societies. Sage.
Maya Jariego, I. (2004). Sentido de comunidad y potenciación comunitaria. Apuntes de Psicología, 22(2), 187–211. https://doi.org/10.55414/ap.v22i2.50
Nowotny, H., Scott, P. y Gibbons, M. (2001). Re-thinking science: Knowledge and the public in an age of uncertainty. Polity Press.
Nussbaum, M. (2011). Creating capabilities: The human development approach. Harvard University Press.
Sen, A. (1999). Development as freedom. Oxford University Press.
Sirgy, M. J. (2001). Handbook of quality-of-life research: An ethical marketing perspective. Kluwer Academic.
Tonon, G. (2010). La utilización de indicadores de calidad de vida para la decisión de políticas públicas. Revista Polis, 26, 1–9. https://journals.openedition.org/polis/820?lang=es
Tonon, G. (2017). Rethinking community quality of life in Latin American countries. En G. Tonon (Ed.), Quality of Life in Communities of Latin Countries (pp. 3–14). Springer. https://doi.org/10.1007/978-3-319-53183-0_1
Tonon, G. (2022). Repensar la utilización de los resultados de investigación en calidad de vida en el campo de las políticas públicas. McGraw-Hill.
Toscano, W. y Molgaray, D. (2019). The research studies on quality of life in South America. Applied Research in Quality of Life, 14(2), 573–588. https://doi.org/10.1007/s11482-018-9605-4
Veenhoven, R. (2000). The four qualities of life: Ordering concepts and measures of the good life. Journal of Happiness Studies, 1(1), 1–39. https://doi.org/10.1023/A:1010072010360
Vos, R. (1996). Hacia un sistema de indicadores sociales. INDES.
1. Estudiante de doctorado en Psicología en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Palermo – Argentina. Licenciada en Pedagogía y Humanidades, especialidad en Matemática y Física por la Universidad Nacional del Centro del Perú. Licenciada en Psicología por la Universidad Continental. Magister en Educación por la Universidad Enrique Guzman y Valle. Maestra en Políticas sociales con mención en Género por la Universidad Nacional del Centro del Perú. Maestra en Evaluación y acreditación de la Calidad en Educación por la Universidad Nacional Daniel Alcides Carrión. Doctora en Psicología por la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos – Perú. Profesora en la Facultad de Psicología de la Universidad Continental – Perú. Correo electrónico: jsantosj@continental.edu.pe
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.