Psicodebate Vol. 16 Nº 2 | Diciembre 2016 | ISSN: 1515–2251 | e-ISSN: 2451-6600 | 9–34

http://dx.doi.org/10.18682/pd.v16i2.592

Teorías implícitas sobre el amor y factores asociados. Un estudio con pacientes con dependencia afectiva patológica y población general residente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Gabriela Ramos Mejía1

Artículo

Material original autorizado para la publicación en la revista Psicodebate. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Palermo.

Recibido 13–06–2016 | Aceptado 28–09–2016

Resumen

En el presente trabajo se intentó establecer cuáles eran las diferentes teorías del amor romántico en pacientes con Dependencia Afectiva Patológica (DAP) y población general. Para ello se realizaron dos estudios: el primero de carácter cualitativo con 30 participantes, analizado el discurso de pacientes con DAP; y el segundo cuantitativo en 157 estudiantes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, tomando como variables el estilo de amor según la teoría de Lee, la teoría del apego, y la Inteligencia emocional (IE). Los resultados mostraron una predominancia en los pacientes con DAP de un estilo de amor manía, un estilo de apego parental evitativo y relacional ansioso, y la presencia de una falla en la regulación de la IE por un proceso rumiativo que no le permite clarificar. La población general presenta un estilo de amor también maníaco, un estilo de apego y un predominio atencional. Otros resultados aportan datos interesantes y relevantes sobre este tema.

Palabras Clave: teorías implícitas, dependencia afectiva patológica, estilos de amor, estilos de apego, inteligencia emocional.

Implicit theories about love and associated factors. A study of patients with Pathological Affective Disorder and general population of Buenos Aires Autonomous City

Abstract

This work try to establish the difference between clients with Pathological affective disorder (PAD) and general population in the conceptions of romantic love, two studies have been made, the first one is qualitative analyzing the interviews’ with 30 clients diagnose and in treatment with PAD, the second one, quantitative in 157 students on Buenos Aires City, measuring love style according to Lee´s theory, attachment theory and emotional intelligence (EI) according to Meyer–Salovey theory. Results shows in clients with PAD a predominance of Mania, parental attachment style avoidance and relational style anxious and lac of regulation in the EI, due to a ruminative process that doesn’t allow them to clarify. The general population shows a combination of love style mania, secure attachment style and predominance of attention in the EI, other results present interesting data about the subject.

Keywords: simplicit theories, pathological affective disorder, love styles, attachment styles, emotional intelligence.

El trabajo que aquí se presenta tuvo como punto de partida la observación de los procesos psicoterapéuticos en sujetos diagnosticados con dependencia afectiva patológica (DAP). Al invitar a los pacientes a comparar cómo era su relación con lo que se “supone” que debiera ser, se detectó un fenómeno que se repetía a propósito de la resignificación del amor romántico y que evidenciaba una disonancia que daba cuenta de relaciones capaces de producir malestar.

Esta técnica resulta muy eficaz en los tratamientos de la mencionada patología con pacientes adultos; sin embargo, no existían hasta el momento datos concretos de investigación, ya que no se han realizado indagaciones que documenten qué piensa la población adulta diagnosticada con DAP con respecto al amor romántico y, por lo tanto, cómo lo define.

Resultó de interés realizar una investigación que aportara información relevante e imprescindible para diseñar intervenciones más eficaces en sujetos que presenten dicha patología y poder testear si, efectivamente, dichas intervenciones mejoran la eficacia de los tratamientos.

El proceso de resignificación pretende reemplazar el significado afectado que resulta disfuncional por otro que al paciente que transita por una situación de padecimiento psíquico le resulte funcional o que, al menos, disminuya el padecimiento. Ese malestar surge, en buena medida, como resultado de la disonancia que se produce al comparar la propia construcción que la persona ha realizado con la construcción que la sociedad ofrece cotidianamente –entendiendo que esta última, a su vez, puede variar según el contexto cultural (Hofstede, 1999)–.

En el presente estudio se trabajó con sujetos residentes en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por lo cual los resultados no pueden ser generalizables a cualquier otro ámbito con distintas características socioculturales.

Se realizó un primer estudio cualitativo a partir de una muestra de 30 pacientes diagnosticados con DAP. Se efectuó un análisis de contenido que dio como resultado una serie de categorías; posteriormente se realizó un segundo estudio cuantitativo que consistió en administrar una serie de instrumentos que miden las categorías resultantes del análisis cualitativo y de la DAP a una muestra de estudiantes universitarios.

El objetivo del presente trabajo, entonces, es analizar las concepciones acerca del amor romántico en personas diagnosticadas con DAP y en población general adulta no diagnosticada con DAP, en el contexto de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Estudio 1: Concepciones, teoría implícitas (TI) acerca del amor romántico, los estilos de apego y la inteligencia emocional en adultos diagnosticados con DAP, que hayan realizado tratamiento o estén realizando tratamiento por dicha patología, en la CABA.

Estudio 2: Concepciones (TI) sobre el amor romántico, los estilos de apego y la inteligencia emocional, en población adulta no diagnosticada con DAP, en la CABA.

Objetivos

Hipótesis de trabajo

Los pacientes diagnosticados con DAP tienen concepciones acerca del amor romántico relacionados con la Manía, exhiben déficit en la inteligencia emocional en el área de regulación y un estilo de apego evitativo.

Partimos de la concepción de Teoría Implícitas (TI) como un conjunto de creencias que un individuo posee respecto a cómo son las personas, la naturaleza humana y los grupos sociales. Recordemos que se denominan implícitas porque estas creencias no se basan en teorías formales y las personas no son necesariamente conscientes del impacto que estas causan sobre su comportamiento (Leyens, 1983).

La DAP es definida como una forma de relación estable entre dos o más personas que provoca acciones de consecuencias dañinas o perjudiciales para sus integrantes. Definida desde el aspecto relacional, se refiere a una inadecuada composición del par dependencia–independencia, generada en la fase del reconocimiento personal. Es base de una disfuncionalidad que conspira contra el logro de la autonomía y actúa como factor condicionante de cualquier trastorno de personalidad (Fernández Álvarez ,1999).

Podemos hacer una distinción entre DAP como estado: aparecerá únicamente en la situación actual, no siendo así en las anteriores relaciones de la persona. Se corresponde con lo que se ha descrito como “adicción al amor”: Una persona que es adicta a otra en el sentido amoroso. Y como rasgo: Se encuentra en la persona tanto en la actualidad como a lo largo de su historia amorosa. (Castelló Blasco, 2005). De esta manera es como se lo considera en el presente estudio. Cabe aclarar que la DAP tiene una incidencia en población general del 10%, 75% de los cuales son mujeres.

Si bien el cuadro no está clasificado como tal, presenta características particulares que lo diferencian de otros. Así, podría confundirse con el Trastorno de Personalidad por Dependencia (TPD), ya que en este padecimiento existe una necesidad de que los otros cuiden de ellos, este rasgo justamente los diferencia de la DAP, ya que estos últimos tienden a “cuidar” de los demás; también podría confundirse con el Trastorno Límite de Personalidad (TLP), estos poseen conflictos interpersonales con la generalidad de la gente y varían bruscamente su humor y su valoración, no siendo este el caso de los pacientes con DAP.

En cuanto a las teorías del amor, se utilizó la categorización de Lee (1973, como se citó en Zubieta, 1997), que fue validada empíricamente a posteriori por Hendrick y Hendrick (1986) mediante la construcción de una escala. Distingue tres estilos amorosos básicos: a) eros, b) ludus y c) storge. La combinación de los mismos arroja tres estilos secundarios independientes de los primeros: d) manía, e) pragma y f) ágape.

Eros o el amor pasional se caracteriza por lo irresistible de la pasión, la intensidad de los sentimientos y de la atracción física y la actividad sexual. También por la autoconfianza y alta autoestima de quien lo practica.

Ludus o el amor lúdico presenta poca implicación emocional y carece de expectativas futuras.

Storge o el amor amistoso se caracteriza por un compromiso durable que se desarrolla lenta y prudentemente y que se basa en la intimidad, la amistad y el cariño. Busca un compromiso a largo plazo.

Manía es el amor obsesivo, con miembros muy dependientes que poseen rasgos de celos, posesividad. El compromiso trata de forzarse. Combinación de eros y ludus.

Pragma se refiere al amor pragmático, es una búsqueda racional de pareja. Estas personas buscan una serie de características específicas en el otro. Generalmente, establece condiciones antes de iniciar una relación. Combinación de ludus y storge.

Ágape o el amor altruista presenta rasgos de renuncia y entrega absoluta y desinteresada. Combinación de eros y storge.

Algunas investigaciones previas que resultan de especial interés son:

En Argentina: los estilos más valorados son eros, ágape y manía (Ubillos, Páez, & Zubieta, 2003).

En las culturas individualistas, se da más intensamente el estilo maníaco, luego del seguro (Ubillos et al., 2003).

Tanto las mujeres como los varones asocian el enamoramiento primariamente con el deseo de estar juntos, el pensar mucho en el otro y el tener sentimientos profundos (Castro Solano, 2003).

Las culturas individualistas y las culturas femeninas intensifican la asociación existente entre IEP (inteligencia emocional personal) y el ajuste emocional (Fernández–Berrocal, Salovey, Vera, Extremera, & Ramos, 2005).En este tipo de culturas, se intensifica la expresión y vivencia de emociones negativas (Fernández, Carrera, Sánchez, Páez & Candía, 2000).

Los cónyuges ansiosos son cuidadores “compulsivos” que dispensan cuidados independientemente de que su pareja los desee o no (Collins & Feeney, 2000).

Hendrick y Hendrick (1986) construyeron un instrumento para evaluar a los individuos según estas categorías. Algunos resultados relevantes para esta investigación fueron la importancia otorgada por las personas a los diferentes estilos de amor, la que varía según el contexto cultural (Hofstede, 1999). Esa investigación fue replicada en Argentina, confirmando la influencia que ejercen los factores económicos, sociales y culturales en la valoración de estos tipos de amor (Ubillos & Barrientos, 2001).

Factores asociados al amor romántico

Para poder relacionarse románticamente, las personas requieren de algunas condiciones o capacidades. Entre ellas, resultan de particular interés la inteligencia emocional y los estilos de apego, a partir de la observación profesional clínica, y de escuchar los dichos de las personas que padecen DAP.

Estilos de apego

Otra capacidad directamente relacionada con el amor romántico es el apego. En el desarrollo de sus ideas, Bowlby (1982) adoptó una perspectiva interdisciplinaria y evolucionista basada en Jean Piaget, Erik Erikson, las investigaciones en etología de Konrad Lorenz y Harry Harlow y Ludwig von Bertalanffy, el creador de la teoría de los sistemas (Bowlby, 1982). Esto le permitió formular un sistema motivacional y comportamental único que pone el acento en la experiencia de protección y seguridad, en la formación de las relaciones interpersonales, y contribuye a la reproducción de la especie. Es decir que, desde el nacimiento, existe en el ser humano, así como en el resto de las especies, la tendencia a responder conductual y emocionalmente con el fin de permanecer cerca de la persona que cuida y protege de toda clase de peligros. Aquellos que poseen estas tendencias tienen más probabilidades de sobrevivir y de poder traspasar dichas tendencias a generaciones posteriores.

Definimos entonces apego como: proceso por el cual, a través de las experiencias tempranas, se establecen vínculos entre el infante y su cuidador que brindan seguridad y protección. Estas experiencias son internalizadas y pueden dar lugar a modelos o prototipos de comportamiento psicosocial (Casullo & Fernández Liporace, 2002).

Tomando como parámetro la percepción de sí mismo y el mundo, podemos clasificar los estilos de apego de la siguiente manera:

Seguro: visión positiva de sí mismo y del mundo; evitativo: visión positiva de sí mismo y negativa del mundo; ansioso: visión negativa de sí mismo y positiva del mundo y temeroso: visión negativa de sí mismo y del mundo.

Inteligencia emocional

Según la revisión de Fernández Berrocal y Extremera (2006) acerca de los últimos quince años de investigaciones sobre el concepto de inteligencia emocional (IE), se encuentra que, tras la publicación del libro de Goleman en 1995, se incrementaron las publicaciones pseudocientíficas con intenciones comerciales y de divulgación, por ejemplo las de Cooper y Sawaf, en 1997 y las de Elías, Tobías y Friedlander, en 1999. Por otra parte, hubo una serie de modelos científicos que anteceden a Goleman y que proponen una explicación teórica de los componentes de la IE. Estos modelos están basados en la revisión de literatura, en estudios empíricos controlados para validarlos, en los cuales se desarrollaron herramientas para usarlos como instrumentos de medición (Bar–On, 1997; Boyatzis, Goleman, & Rhee, 2000; Mayer & Salovey, 1997).

Todos estos enfoques despliegan líneas de investigación que tratan de clarificar cuáles son los componentes que caracterizan a la gente emocionalmente inteligente, así como los mecanismos y procesos que actúan en la vida cotidiana.

Actualmente, existen tres enfoques que predominan o sobresalen, con alta aceptación, en la comunidad científica:

Desarrollaremos sólo el primero, ya que fue el utilizado en esta investigación.

El modelo de inteligencia emocional basado en las habilidades (Mayer & Salovey, 1997) ha generado una gran cantidad de investigaciones (Geher, 2004; Matthews, Zeidner, & Roberts, 2002). Tiene una base teórica sólida y justificada, un modo novedoso de medición y ofrece muchos datos que provienen de un trabajo sistemático empírico en diferentes campos. Mayer y Salovey definen la IE como aquella que:

[…] involucra la habilidad de percibir con exactitud, evaluar y expresar emociones; la habilidad de acceder y/o generar sentimientos cuando facilitan el pensamiento; la habilidad de entender la emoción y el conocimiento emocional; y la habilidad de regular las emociones para promover crecimiento emocional e intelectual (Mayer & Salovey, 1997, p. 10).

El modelo comprende cuatro habilidades: percepción, asimilación, comprensión y regulación de las emociones. La percepción emocional consiste en la habilidad de percibir emociones en uno mismo y en los semejantes, así como también en objetos, arte, historia, música y otros estímulos. La asimilación de emociones es la habilidad de generar, usar y sentir emociones como herramientas para comunicar sentimientos o usarlas en otros procesos cognitivos. La comprensión emocional refiere a la habilidad de entender información emocional, a descifrar cómo las emociones se combinan y cambian a través del tiempo y a la habilidad de apreciar los significados emocionales. Finalmente, la regulación emocional refiere a la habilidad de permanecer abierto a los sentimientos y monitorear y regular las emociones propias y ajenas para promover la comprensión y el crecimiento personal.

Estas cuatro categorías están organizadas jerárquicamente: percibir emociones es el nivel más básico y manejarlas es el más alto y complejo en dicha jerarquía. Por ende, la regulación de emociones está construida sobre la base de las tres competencias previas. De no darse correctamente el proceso de clarificación, es decir, la atención y asimilación, el sujeto entra en un proceso de rumiación que no le permite regular correctamente.

Según Mayer y Salovey (1993), las personas que poseen alta inteligencia emocional perciben mejor sus sensaciones internas positivas y negativas, tienen más conciencia de los sentimientos propios y ajenos, regulan de manera más eficiente sus sentimientos y perciben un grado mayor de bienestar en función del manejo emocional.

La IE representa un sistema inteligente focalizado en procesar información emocional y, como tal, debe ser parte de otras inteligencias bien establecidas (Mayer, Caruso, & Salovey, 1999). La metodología para evaluarla está basada en medidas de desempeño o habilidad, de acuerdo con la metodología utilizada para medir otras inteligencias. Estos desarrollos culminaron en el Mayer–Salovey–Caruso Emotional Intelligence Test (MSCEIT; Mayer, Salovey, & Caruso, 2001; Mayer, Salovey, Caruso, & Sitarenios, 2003). Este instrumento provee un indicador del nivel de desempeño de las personas en diferentes situaciones. Los ítems evalúan: la habilidad de asimilar caras, fotos y dibujos abstractos; la habilidad de asimilar emociones en varios procesos de pensamiento y toma de decisiones; la habilidad de comprender emociones simples y complejas, sus combinaciones y el cambio de emociones; y, finalmente, la habilidad de manejar y regular emociones propias y de los otros.

Las investigaciones sobre la IE con relación al modelo de las habilidades (Mayer & Salovey, 1997) han mostrado interesantes relaciones con respecto a medidas de bienestar, tales como la depresión, la ansiedad, la salud física y mental. Las personas con desajuste emocional presentan un perfil caracterizado por una alta atención a sus emociones, baja claridad emocional y la creencia de no poder modificar sus estados emocionales (Salovey, 2001). También hay evidencias que sugieren que la IE permite elaborar e integrar de manera correcta los pensamientos intrusivos y rumiativos que acompañan habitualmente a los sucesos altamente estresantes, así como a aquellos otros que obedecen a un estrés normal y están presentes en población no clínica (Fernández–Berrocal, Ramos, & Extremera, 2001).

La cultura influye en el ajuste emocional de los individuos y en su percepción de bienestar subjetivo de diferentes maneras. Las dos grandes variables culturales que se han tenido en cuenta en su estudio han sido las dimensiones culturales propuestas por Hofstede (1999): individualismo–colectivismo y masculinidad–feminidad. Las culturas individualistas enfatizan las necesidades propias del individuo y dan por ello más importancia al mundo emocional de la persona. Algunos autores han señalado que esta relevancia de lo emocional en las culturas individualistas se conecta con la percepción de la calidad de vida. Esto es, la calidad de vida subjetiva resulta de un balance entre las emociones negativas y positivas del individuo. Las culturas individualistas exhiben niveles más elevados de percepción de bienestar subjetivo que las culturas colectivistas (Diener, Suh, Lucas, & Smith, 1999; Suh, Diener, Oishi, & Triandis, 1998). En cambio, en las culturas colectivistas se observa una mayor prioridad a la cohesión con los demás, por lo que las necesidades individuales quedarían subordinadas a las prioridades del grupo. En este sentido, las culturas colectivistas prestan menos atención al mundo de las emociones personales.

Un estudio transcultural realizado por Páez y Vergara (1995), que compone diferentes países en la dimensión masculinidad–feminidad, encontró que es la dimensión individualismo–colectivismo la que mejor explica la experiencia emocional. Las naciones femeninas (Chile y España) tuvieron mayor intensidad y expresividad emocional que las naciones masculinas estudiadas (Bélgica y México). En la misma línea, otros estudios transculturales muestran que las culturas femeninas exhiben también niveles mayores de bienestar subjetivo (Basabe et al., 2000).

En otro estudio también se halló una mayor puntuación en la dimensión “Atención a las emociones” encontrada en la muestra de EEUU, lo que podría o no vincularse con el desajuste emocional y con la salud mental de forma más intensa en las culturas individualistas, pero requeriría mayor investigación, según los autores citados.

Por otra parte, en las culturas colectivistas las redes naturales de apoyo social sirven como un amortiguador del malestar emocional, permitiendo que las situaciones estresantes y problemáticas sean menos perjudiciales para las personas (Basabe et al., 2000).

Al contrario de lo que esperaban en ese estudio, la dimensión individualismo–colectivismo no moderó la relación entre IEP y ajuste emocional. En otros estudios realizados, esta dimensión sí moderó los efectos de otras variables individuales, como la extraversión, sobre aspectos de satisfacción subjetiva (Diener et al., 1999). Los autores lo atribuyen a la falta de heterogeneidad en la muestra utilizada en la dimensión individualismo–colectivismo.

La dimensión masculinidad–feminidad sí moderó la relación entre IEP y ajuste emocional, tal como se pronosticó. Por una parte, la masculinidad cultural se asocia con mayores índices de ansiedad y depresión, lo cual coincide con otros estudios en los que la feminidad cultural se asocia a bajos niveles de neuroticismo y a una frecuencia menor de emociones negativas (Lynn & Martin, 1997). Por otra parte, en las personas de las culturas femeninas se acentuaron las relaciones entre IEP y ajuste emocional. Un efecto potenciador se relaciona con la mayor intensidad emocional asociada a las culturas femeninas (Fernández Berrocal, Ramos Díaz, Vera, Extremera Pacheco, & Salovey, 2001).

Fernández Berrocal y Ramos (1999) hacen una revisión de las investigaciones relacionadas con cada una de las habilidades enunciadas por Salovey y Mayer (1990) como componentes de la IE. En la misma mencionan en relación con la percepción de las emociones una investigación realizada por Mayer, DiPaolo y Salovey (1990) en la que establecen la existencia de reglas universales para la identificación de las emociones y la correlación positiva de la capacidad de identificar estados emocionales con la empatía

En cuanto a la relación entre emoción y pensamiento, los estudios muestran que la intensidad de las emociones interfiere en la ejecución de tareas complejas (Ellis & Ashbrook, 1988; Oaksford, Morris, Grainger, Williams, & Mark, 1996; Mackie & Worth, 1989). Palfait y Salovey (1993) llevaron adelante un experimento en el que lograron establecer que se debe tener en cuenta no sólo la intensidad sino también la naturaleza de la emoción.

En relación con el conocimiento emocional, cuando se trata de valorar interacciones sociales complejas, el acuerdo entre las partes disminuye y correlaciona positivamente con la empatía y negativamente con la defensa emocional, ya que la variable deseabilidad social es un factor que interviene fuertemente (Mayer & Geher, 1996).

Finalmente, respecto de la regulación de las emociones, se estableció que algunas personas, cuando experimentan emociones de carácter negativo, ponen en marcha una serie de estrategias para alcanzar estados emocionales de carácter positivo (Josephson, Singer, & Salovey, 1996).

Estudio 1

El primer estudio fue de tipo Cualitativo (Hernández Sampieri, Fernández Collado, & Baptista Lucio, 2006). Se utilizó el análisis de contenido de Historias Clínicas.

Participantes

La muestra quedó conformada por 30 participantes de ambos sexos residentes en la CABA, adultos entre 24 y 49 años diagnosticados con DAP, en los que se registraron las cuatro primeras sesiones durante el proceso de admisión y teniendo en cuenta los resultados del MMPI–2, inventario que se administra de rutina en los procesos de admisión por el terapeuta.

Los pacientes se encontraban bajo tratamiento y el principal motivo de consulta en todos los casos era problemas de pareja. En todos los casos firmaron un consentimiento informado.

Procedimiento

Una vez seleccionados los textos, se realizó un análisis de contenido (Krippendorff, 1990), identificando frases con sentido para ubicarlas en categorías a priori, segmentadas según temas emergentes, con el propósito de encontrar rasgos en común en todas las HC de los pacientes. Las categorías a priori guardan relación con el estilo de amor, de apego y el tipo de inteligencia emocional. En resumen, a partir de la elaboración de los datos, se realizó una tabulación de esta muestra, categorizándolos en función de las dimensiones propuestas por los principales autores citados en el marco teórico. Finalmente, se realizó un procedimiento similar, pero identificando categorías a posteriori: concepciones acerca del estilo de amor.

Se buscaron núcleos con sentido en expresiones de los pacientes relacionados con:

Resultados

A partir del análisis de contenido de las HC fue posible identificar las primeras categorías emergentes, tales como la relación de pareja, las características del objeto de amor, las ideas sobre el amor, la relación con los padres, el estilo parental, los modelos de pareja y los sentimientos ante la soledad. De ese modo pudo constatarse la preponderancia del registro de conflictos en las áreas afectiva y familiar por sobre el plano del proyecto personal. Asimismo, pudo advertirse que se contaba con información suficiente para describir el particular modo de elaborar teorías implícitas sobre el amor romántico en pacientes que padecen DAP, por lo que se consideró conveniente fragmentar el material de análisis a partir de los constructos teóricos, inicialmente planteados en el marco teórico –es decir, las categorías a priori ya mencionadas, más abarcativas–.

Cada categoría a priori contaba con gran cantidad de información, por lo que se realizó una nueva descomposición de ese material con el fin de dar un ordenamiento emergente a las frases con sentido. Para ello, se realizaron tareas de selección y clasificación que posibilitaran, posteriormente, establecer relaciones de vinculación, asociación y comparación. Durante este procedimiento se agruparon los enunciados seleccionados, reuniéndolos por semejanza temática y estableciendo una diferenciación entre temas en el interior de cada categoría. Como ya fue comentado, los datos recabados se ubicaron preponderantemente con relación al área afectiva y familiar, dando cuenta de estilo de amor, estilo de apego e inteligencia emocional.

Para la revisión de los temas, se realizaron ajustes en el modo de ordenar el material seleccionado, evaluando la pertinencia de incluir los enunciados en los ejes temáticos, así como estos últimos en las categorías previamente establecidas. Durante este procedimiento, se descartaron ejes temáticos que no contaran con frases con sentido que les dieran soporte, es decir que se tuvo en cuenta el criterio enumerativo para evaluar el peso de los ejes temáticos establecidos, así como la frecuencia de los rasgos más sobresalientes del texto para determinar temas emergentes (Peña, 2006).

Luego se efectuó la denominación de temas en función de las categorías a priori y del contenido de los enunciados. Se fragmentó el texto de manera tal de poder obtener los núcleos temáticos principales y, una vez seleccionados los grandes núcleos temáticos correspondientes a las categorías a priori, se realizó una nueva fragmentación del texto a partir de temas emergentes en la lectura de las HC. Posteriormente, se procedió a otorgar una denominación definitiva a los ejes temáticos y se le solicitó a jueces imparciales que revisaran el trabajo realizado, para lo que se les proveyó del material textual y de las categorías establecidas y su definición, corroborando la correspondencia entre los enunciados seleccionados y las categorías definidas tanto a priori como a posteriori.

El resultado obtenido fue el siguiente:

Estilo de amor: MANÍA, se encontraron frases tales como:

Estilo de apego parental: EVITATIVO, frases como:

Estilo de apego relacional: ANSIOSO:

Inteligencia emocional: falla en la atención, proceso rumiativo y en consecuencia falla en la regulación

En definitiva, si pudiéramos graficar la situación del paciente con DAP encontraríamos que en su relación con los padres se despliega un estilo Evitativo. Sabemos con Bandura que uno tiende a adoptar o rechazar los modelos dependiendo de los refuerzos, en este caso, por rechazo configura un estilo de apego en la relación Ansioso. Este estilo, más la predominancia cultural, da como resultado un estilo de amor Manía, al desplegarse en la relación adulta, ocurre un proceso de rumiación que provoca una desregulación emocional (ver figura 1).

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Figura 1. Estilos de apego, amor e Inteligencia Emocional en pacientes con DAP de CABA.

Estudio 2

Fue un estudio descriptivo, correlacional de diferencia de grupos, con un diseño no experimental transversal.

Materiales

El protocolo incluía una primera hoja para consignar datos sociodemográficos como sexo, edad, nivel educacional, entre otros, además de un consentimiento informado. El cuestionario autoadministrado también estaba integrado por las siguientes escalas:

Escala de actitudes hacia el amor (Hendrick & Hendrick, 1986). Consta de 42 ítems, se contesta con una escala que va de 1 (total desacuerdo) a 5 (total acuerdo).

Escala TMMS–48 (Fernández Berrocal, Ramos, & Extremera, 2001). Consta de 48 ítems, se contesta con una escala que va de 1 (nunca) a 5 (muy frecuente).

Tipos de apego románticos (Casullo & Fernández Liporace, 2002). Consta de 12 ítems, se contesta con una escala que va de 1 (casi nunca) a 5 (casi siempre).

Cuestionario de dependencia emocional (CDE; Lemos Hoyos & Lodoño Arredondo, 2006). Los componentes identificados fueron: ansiedad de separación, expresión afectiva, modificación de planes, miedo a la soledad, expresión límite y búsqueda de atención. Factor 1. Ansiedad de separación: se describen las expresiones emocionales del miedo que se produce ante la posibilidad de disolución de la relación. Factor 2. Expresión afectiva: necesidad del sujeto de tener constantes expresiones de afecto de su pareja que reafirmen el amor que se sienten y que calme la sensación de inseguridad. Factor 3. Modificación de planes: el cambio de actividades, planes y comportamientos debido a los deseos implícitos o explícitos por satisfacer a la pareja o a la simple posibilidad de compartir mayor tiempo con ella. Factor 4. Miedo a la soledad: dentro de la descripción del componente se identifica el temor por no tener una relación de pareja o por sentir que no se es amado. Factor 5. Expresión límite: las manifestaciones límites frente a la pérdida, las cuales pueden ser vistas como estrategias de aferramiento ante su pareja, reflejan el grado de necesidad que el dependiente tiene de la misma. Factor 6. Búsqueda de atención: se tiende a la búsqueda activa de atención de la pareja para asegurar su permanencia en la relación y tratar de ser el centro en la vida de esta.

Participantes

La muestra quedó compuesta por 157 sujetos de población general que no se encontraban bajo tratamiento psicológico o psiquiátrico, de ambos sexos, residentes en la CABA. La muestra general intencionalmente seleccionada quedó conformada por un total de 157 sujetos. El 28.7% eran hombres (n = 45) y el 71.3% mujeres (n = 112). La edad media fue de 29.23 (DE = 6.45, Mín = 18, Máx = 68). A su vez, el 63.1% (n = 99) eran solteros, el 17.8 (n = 28) estaban en convivencia, el 14.6% (n = 23) estaba casado y el 4.4% (n = 7) eran separados o divorciados. Por último, con respecto al nivel educativo, el 13.4% (n = 21) tenían el secundario completo, el 57.3% (n = 90) tenían nivel universitario incompleto, el 16.6% (n = 26) nivel universitario completo, el 1.3% (n = 2) nivel terciario incompleto, el 5.1% (n = 8) terciario completo, el 3.8% (n = 6) posgrado incompleto y el 2.5% (n = 4) posgrado completo.

Resultados

Con respecto al segundo estudio, los resultados muestran que el estilo de amor que predomina en los participantes de población general es el de manía (M = 24.61), caracterizado por ser un amor obsesivo, con miembros muy dependientes que poseen rasgos de celos y posesividad, donde el compromiso trata de forzarse.

Los datos obtenidos son consistentes con lo hallado por Ubillos, Paez y Zubieta (2003) sobre este estilo como uno de los más presentes valorados en muestras de población argentina.

En segundo lugar, aparece el estilo ludus (M = 24.55), luego pragma (M = 23.61), seguido de amistad (M = 21.74) y, por último, ágape (M = 23.38) y eros (M = 14.80). Como se mencionara más arriba –Lee (1973, como se citó en Zubieta, 1997)–, la manía resulta de la combinación de dos de los estilos primarios (eros y ludus). Siendo eros el amor pasional, se caracteriza por lo irresistible de la pasión, la intensidad de los sentimientos y de la atracción física y la actividad sexual; también por la autoconfianza y alta autoestima de quien lo practica. Ludus se caracteriza por la poca implicación emocional y la falta de expectativas futuras.

En cuanto al género, no se encontraron diferencias significativas en las variables indagadas. No obstante, cabe señalar que en el estudio realizado por Hendrick y Hendrick (1986), las mujeres están más de acuerdo con el amor pragmático y el amor storge, mientras que valoran más negativamente el amor ludus y el amor ágape.

En relación con la inteligencia emocional, la dimensión predominante es la “Atención”, es decir, la capacidad de percibir emociones en uno mismo y en los otros, así como en objetos, arte, historias, música y otros estímulos. Esto es consistente con las investigaciones de Fernández Berrocal, Ramos y Extremera (2001), quienes utilizan las dimensiones de Hofstede (1999), individualismo–colectivismo y masculinidad–feminidad, teniendo en cuenta que la cultura influye en el ajuste emocional de los individuos y en su percepción de bienestar subjetivo de diferentes maneras. Los autores encontraron que las culturas individualistas enfatizan las necesidades propias del individuo y dan por ello más importancia al mundo emocional de la persona, siendo Argentina un país de estas características en comparación con el resto de América Latina, pero no con Europa Occidental y EE.UU. Algunos autores han señalado que esta relevancia de lo emocional en las culturas individualistas se conecta con la percepción de la calidad de vida; esto es, la calidad de vida subjetiva sería un balance entre las emociones negativas y positivas del individuo. Las culturas individualistas tendrían niveles más elevados de percepción de bienestar subjetivo que las culturas colectivistas (Diener et al., 1999; Suh et al., 1998).

En cuanto a los estilos de apego y el orden de frecuencia, aparece en primer lugar el estilo seguro, seguido del ansioso y, en último lugar, el evitativo. Mikulincer (1998) encontró que el estilo de apego que prevalece es el seguro, seguido por el evitativo y, en último lugar, el ansioso. Según Bradley y Cafferty (2001), las personas con estilo de apego seguro tienden a confiar en sí mismas y en los demás. En las relaciones sociales y en las relaciones de pareja tienden a ser más positivas y confían en los demás y en sus buenas intenciones hasta que alguna experiencia negativa les demuestre lo contrario, siendo este estilo de apego positivo para el éxito amoroso.

Las personas seguras se sienten más cómodas si se hallan unidas, la relación reduce la angustia y, lo más importante, están más satisfechas con el matrimonio. Por consiguiente, la configuración óptima para una relación estable es que las dos personas hayan desarrollado un apego seguro. El estilo seguro beneficia especialmente a tres aspectos del matrimonio: dispensar cuidados, tener relaciones sexuales y enfrentarse a situaciones negativas. Los cónyuges seguros cuidan mejor de sus parejas, y no sólo se sienten más unidos, sino que saben cuándo la otra persona necesita de sus cuidados (Collins & Feeney, 2000).

Collins (1996) encontró que los individuos con un estilo de apego seguro son capaces de realizar una búsqueda activa de información, se muestran abiertos a la nueva información, poseen estructuras cognitivas flexibles que les permiten adaptarse adecuadamente a los cambios del ambiente, a plantearse objetivos realistas, a evitar los pensamientos irracionales, a tener expectativas positivas acerca de las relaciones con los otros y a confiar más en ellos.

En resumen, la combinación más frecuente en población general es apego seguro, estilo de amor manía y predominio atencional en la inteligencia emocional. El estilo de apego y el predominio atencional resultan componentes necesarios para establecer una relación de pareja exitosa, no así el estilo manía que se ratifica, a su vez, en las diferencias halladas según los estilos de apego, ya que las personas con estilo seguro fueron las que mayor nivel de regulación de inteligencia emocional evidenciaron.

En cuanto a la relación entre los resultados de las diferentes pruebas encontramos una asociación positiva entre el estilo de apego ansioso y el estilo de amor eros (r = .17). Si consideramos, tal como se expuso anteriormente, que este estilo de amor se caracteriza por lo irresistible de la pasión, la intensidad de los sentimientos y de la atracción física y la actividad sexual, vemos que se forma una combinación de tono impulsivo y con escasa probabilidad de perdurar.

El estilo de apego ansioso se asocia de manera negativa con la dimensión claridad de la inteligencia emocional (r = –.26), lo cual es coherente con la rumiación característica de la ansiedad y se asocia de manera positiva con las dimensiones de la dependencia emocional “Ansiedad de separación”(r = .18), “Expresión afectiva de la pareja” (r = .20), “Miedo a la soledad” (r = .28), y con la dependencia emocional total (r = .22). Este último resultado coincide con las conclusiones extraídas del primer estudio.

El estilo de apego seguro se asocia de manera negativa con el estilo de amor amistad (r = –.20) –es decir, no se entiende el vínculo como una simple amistad–, y de manera positiva con la dimensión “Expresión límite” (r = .18) de la dependencia emocional. Esta última, como se expuso anteriormente, refiere a las manifestaciones límites frente a la pérdida, las cuales pueden ser vistas como estrategias de aferramiento ante su pareja y reflejan el grado de necesidad que el dependiente tiene de la misma. En este caso, podría pensarse que las personas seguras establecen un vínculo tan sólido que la sola idea de perderlo les resulta insoportable, sin que necesariamente esto connote rasgos patológicos.

La dimensión de “Atención” de la inteligencia emocional correlaciona de manera negativa con el estilo de amor manía (r = –.17), lo cual resulta coherente ya que la persona entiende lo que siente el otro. Asimismo, correlaciona positivamente con las dimensiones “Ansiedad de separación” (r = .27), “Expresión afectiva de la pareja” (r = .30), “Modificación de planes” (r = .22), “Miedo a la soledad” (r = .20) y con la dependencia total (r = .28), lo que podría resultar de un estilo de apego ansioso o algún otro factor que no presenta correlaciones fuertes en el estudio realizado.

La dimensión “Claridad” de la inteligencia emocional se asocia de manera negativa con el estilo de amor eros (r = –.21) y con el estilo apego ansioso (r = –.28), así como con las dimensiones de dependencia emocional “Ansiedad de separación”( r = –.19), “Expresión afectiva de la pareja”(r = –.26), “Miedo a la soledad” (r = –.20), “Expresión límite” (r = –.23) y con la dependencia total (r = –.24), lo cual resulta coherente con la aseveración inversa de que la falta de claridad da lugar a la rumiación y, por lo tanto, aumenta la ansiedad, la cual es un factor predominante en los pacientes con DAP. Esta dimensión también correlaciona de manera positiva con pragma (r = .15), lo cual también resulta coherente ya que, recordemos, el amor pragmático es aquel en el que se busca una serie de características específicas en el otro, para lo cual es necesaria la claridad. La dimensión de “Regulación” de la inteligencia emocional se relaciona de manera positiva con el estilo de amor manía (r = .16) –la regulación resulta necesaria para mantener una relación sin compromisos clara– y de manera negativa con las dimensiones de dependencia emocional “Ansiedad de separación” (r = –.18), “Expresión afectiva de la pareja” (r = –.22), “Modificación de planes” (r = –.09), “Miedo a la soledad” (r = –.15), “Expresión límite” (r = –.25) y con la dependencia total (r = –.20), fenómeno también observado en el primer estudio.

El estilo de amor ludus correlaciona de forma negativa con las dimensiones de la dependencia emocional “Modificación de planes” (r = –.20) y “Expresión límite” (r = –.19), ya que, al ser un estilo de amor no comprometido, no contempla ningún tipo de modificación en el esquema original de la relación. El estilo de amor de amistad también se asocia de manera negativa con “Expresión límite” (r = –.18), lo que resulta coherente con la definición de este estilo, el cual se caracteriza por un compromiso durable que se desarrolla lenta y prudentemente y que se basa en la intimidad, la amistad, el cariño, y en la búsqueda de un compromiso a largo plazo. También correlacionan negativamente el estilo pragma con la dimensión “Expresión limite” (r = –.23) y con la dependencia emocional total (r = –.16), lo que también resulta coherente por lo nada prácticas que resultan las relaciones en la DAP.

La tendencia a correlación negativa del estilo manía con todas las dimensiones de la dependencia emocional y con la dependencia emocional total resulta atípica de acuerdo con los demás resultados, ya que, según el primer estudio, las personas con DAP presentan un estilo de amor maníaco; este último punto ameritaría estudios posteriores.

Finalmente, el estilo ágape correlaciona de manera negativa con las dimensiones de dependencia emocional “Ansiedad de separación” (r = –.28) , “Expresión afectiva de la pareja” (r = –.14), “Miedo a la soledad” (r = –.21), “Expresión límite” (r = –.15) y con la dependencia total también de forma negativa (r = –.25), lo que resulta coherente con el significado de todas las variables involucradas.

Comentarios

A partir del análisis de datos realizado a lo largo de ambos estudios, puede concluirse que, en el primer estudio, la combinación frecuente es el estilo de amor manía, estilo de apego evitativo y fallas en la regulación en la IE ocasionadas por un proceso rumiativo por falta de claridad.

Las creencias centrales (Beck, 2000) activan esquemas determinados que están relacionados con los factores que encontramos en este primer estudio. En este sentido, podrían equipararse con las TI con relación al amor romántico, o al menos con una parte importante de las mismas.

Como se mencionó, el aprendizaje por modelado hace que la persona imite aquellas conductas que percibió como exitosas. En el caso del comportamiento en relación con la pareja, tenderá a imitar o actuar de manera opuesta a aquella primera que vio, la de sus padres; esto incluye el estilo de apego de los mismos, tanto entre ellos como con sus hijos. Este comportamiento resulta útil a la hora de anticipar peligros o amenazas potenciales.

En este sentido, resulta lógico que el sujeto que padece DAP implemente en sus relaciones de pareja un estilo de apego opuesto al de sus padres para con él –ya que el refuerzo que recibió de niño no fue el deseado– y falle en el intento, lo que probablemente haga que entre en el circuito rumiativo. Sin embargo, posiblemente no todos los niños con este estilo de apego parental padecen DAP, lo que demuestra el interjuego de otros factores además de este. Sería de interés profundizar en la investigación de este punto.

Por último, resulta relevante mencionar que, entre las creencias irracionales básicas formuladas por Ellis (1979), existen tres que resultan especialmente representativas de aquellos pacientes que padecen DAP; estas son:

Todo esto facilitaría las conductas disfuncionales encontradas en estos pacientes.

En el segundo estudio, el estilo de amor más frecuente también resultó ser la manía, pero el estilo de apego es seguro y el predominio en IE es la atención.

No se encontraron diferencias significativas en cuanto a género en el estilo de amor, lo que vendría a corroborar el hallazgo de Ubillos y Barrientos (2001) acerca de que este estilo es uno de los más valorados en culturas individualistas como la de Argentina. En la misma dirección apuntan los resultados en población general en cuanto a IE y estilo de apego predominante, lo que abonaría la teoría de que las personas con DAP poseen un modo de interacción disfuncional que los lleva a entrar en un circuito rumiativo en el que permanecen atrapadas, intentando forzar una relación que, por definición, no lleva a la estabilidad en la pareja.

En cuanto al primer estudio, no podemos hablar de diferencias significativas por el carácter cualitativo del mismo.

Uno de los principales aportes del estudio realizado es el de proveer de un análisis más exhaustivo acerca del diagnóstico de DAP, es decir, de la posibilidad de conocer con más detalle algunos de sus principales factores asociados, lo cual puede aportar información crítica que posibilite diseñar de manera más ajustada un tratamiento que permita aliviar el padecimiento psíquico de los individuos de manera más rápida y duradera.

Estos hallazgos podrían pensarse en relación con su aplicabilidad en el área clínica. En este sentido algunas posibles aplicaciones podrían ser:

1) El apego. Con respecto al apego, en este caso, es evitativo, de manera que la percepción de la persona con este tipo de apego con relación al mundo externo es negativa; esto es, el mundo es un lugar amenazante e inseguro, por lo tanto, y sin perder de vista que el terapeuta forma parte de ese mundo externo, se podría trabajar en una resignificación de la percepción del mismo, proveyéndolo, incluso al paciente, de un modelo de relación alternativo con el terapeuta.

2) La intervención mencionada en la introducción de este trabajo, respecto de la disonancia (Festinger, 1957) entre la forma de relacionarse del individuo con diagnóstico de DAP y la forma en que creen que se relacionan las otras parejas –y la eficacia de esta práctica–, en principio, queda explicada a través de los modelos de amor, ya que la tendencia es a comparar la manera manía con la manera pragma que, como se pudo observar, correlaciona con el apego seguro.

También sería relevante trabajar en la resignificación de la soledad, ya que algunos de los resultados apuntan en esa dirección.

3) Finalmente, con relación a la inteligencia emocional, se encuentra que existe falta de regulación pero, de acuerdo con la revisión efectuada, esto se debe a una falta de entendimiento de las emociones ajenas: la persona ve lo que quiere ver y, por lo tanto, procede de manera equivocada, lo que lo lleva a una falta de regulación emocional. En este marco, el tipo de intervención adecuada, desde el punto de vista cognitivo, es la orientada a la recolección de evidencia a favor y en contra de las percepciones del paciente, pero también resultaría útil el trabajo de entrenamiento en habilidades sociales, ya que esto mejora la empatía, lo que podría mejorar la IE, evitando el proceso rumiativo y permitiendo a la persona una adecuada regulación.

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1 Universidad de Palermo; gramos1@palermo.edu