Apetito por la apatía o “disculpe profesor pero no hice el trabajo porque en Internet no encontré nada”
Abstract
Tembloroso, casi acobardado, como si se sintiera un pasajero del Titanic o un reo que escucha su sentencia a la pena capital, un estudiante a quien confiné, con la cruel frialdad que me caracteriza, a leer “Crónica de una muerte anunciada” de una semana para la otra, esperó tímidamente que se retirara toda la clase para abordarme en el íntimo refugio del aula vacía y confesarme que él no disfruta de la lectura y que lo más probable era que hiciese el intento pero que no creía que fuera a leer el libro.